El primer día que llegue a la sociedad penquista me encontré con un mundo relativamente nuevo para mí, si bien estoy en el mismo país de siempre, la cultura de Concepción es muy distinta a la del pequeño pueblo que me vio crecer (Santa Cruz, Sexta Región), diferencia que tal vez se deba a variables como la ubicación geográfica, la densidad urbana o la historia de esta estructura social, a primera vista imaginé “la selva de cemento” que tanto se comenta en estos tiempos, la gente apurada, todos con un punto de partida y uno de llegada muy bien definido, las interacciones mecanizadas y luchando contra el tiempo para alcanzar a vivir y a desarrollarse en actividades en las que se sienten más a gusto. Al desenvolverme en actividades cotidianas como salir a comer, a comprar o simplemente a pasear, cada vez se hacía más notoria la existencia de grupos y la iconización de estos , por ejemplo; al pasar por una librería a comprar, observe que a un hombre adulto, vestido de traje se le trató con mucho respeto y calidez e incluso la cajera intentó poner su nivel de habla al nivel de este hombre, por el contrario, a un hombre que aparentemente trabajaba en construcción (por sus ropas sucias, manchadas y por el casco que tenía en la mano) se le dio un trato un tanto más frío y mecanizado, a pesar de que sus estatus sociales (cajera – constructor) eran más paralelos que en la relación anterior y que probablemente la labor de construcción que realiza este hombre en la devastada ciudad de Concepción y/o alrededores es más urgente que la del hombre de traje, este ejemplo también me mostró la existencia de prejuicios, aunque esto es un tema más global, ya que existen en prácticamente todos lados.
Después de un fin de semana solo en la gran ciudad tocó el primer día de clases, en donde pude observar que la interacción entre los nuevos estudiantes de Sociología se vio definida por diversos factores, como la realidad social de cada uno, los grupos de amistades se conformaban con personas de realidades sociales más o menos parecidas, ya que esos compañeros parecían ser mas familiares en muchos aspectos (por ejemplo la formas de hablar, la manera de comportarse ante una determinada situación o simplemente los gustos musicales). Luego de los primeros encuentros sociales (aula y celebración del primer día) en los que aparecieron relaciones amistosas superficiales y azarosas (por el orden de llegada y encuentro casual de dos o más compañeros), pude observar como las relaciones que se dieron en los primeros encuentro iban variando y otras fortaleciéndose ya que se iban encontrando en situaciones diferentes (partidos de fútbol, salidas a fiestas o salidas a comer, por ejemplo) y que por ende requerían conductas de distinto tipo y cumplían o rompían expectativas (expectativas creadas por los valores de cada persona), además de aparecer nuevas normas sociales que cumplir y en otros casos que romper.
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